Mucho más que clases y contenidos: la escuela como actor urbano

La pandemia del coronavirus ha revelado la vulnerabilidad de nuestras ciudades, muchas de las cuales se relacionan justamente con aquello que está al centro de su identidad.

Nueva York, la ciudad densa y volcada a los espacios públicos, sufre con el aislamiento en sus viviendas muchas veces minúsculas; Madrid, la urbe alegre y colectiva, no puede más sin poder compartir en sus bares de barrio y plazas; ¿y Santiago y muchas de las grandes ciudades chilenas? El coronavirus nos toca en lo que lamentablemente nos identifica, nuestra desigualdad social.

Un foco especialmente ilustrativo de las consecuencias de esta desigualdad en tiempos del Covid-19 es la situación de los estudiantes de Educación Básica y Media. Los pertenecientes a sectores de altos ingresos, que atienden a colegios particulares o subvencionados de alto pago,  han podido continuar con sus estudios en línea y no han requerido de la escuela como espacio de alimentación, convivencia y formación. En cambio, los estudiantes de colegios públicos de municipalidades de escasos recursos, han perdido su escuela y lo que ella significa en sus vidas cotidianas.

La peste nos ha permitido visualizar claramente la importancia de las escuelas como actores urbanos, ordenadores de la vida de muchas familias, y parte importante de la identidad de barrios y comunidades.

La escuela, a la que la gran mayoría de los y las estudiantes chilenas atiende a no más de 3 km de distancia de su hogar (Flores y Carrasco 2016), siendo los grupos  de menores ingresos los que escogen las más cercanas, significan mucho más que el aprendizaje de un paquete de contenidos para los habitantes de nuestras ciudades. Son lugares de reunión de juntas de vecinos, centros de padres, comunidades religiosas, recreativas y deportivas. Y si no lo son, esta enfermedad que nos ataca nos ha demostrado la importancia de que sí lo sean.

La gran potencialidad de las escuelas como recurso urbano para generar oportunidades de distinto tipo y mejorar la calidad de vida de los y las habitantes, debe ser tomada en cuenta por la planificación urbana. Las políticas públicas educacionales y urbanas deben ir en una misma dirección, coordinada y complementaria, para que en todos los barrios de nuestras ciudades exista una oferta educacional de calidad, lo que incluye actividades extra programáticas e infraestructura para la comunidad escolar.

La escuela abierta a su territorio es un tesoro tanto para los vecinos como para los educadores; de la sintonía entre escuela y entorno urbano podemos esperar aprendizajes centrales sobre ciudadanía, movilidad, medio ambiente, tecnología y arte, por sólo nombrar algunos.

La escuela creativa, a la que nos convoca el siglo XXI, es la escuela abierta y conectada con su geografía. La planificación urbana debe valerse de los estudiantes para entender el territorio en el que se emplazan las escuelas: sus centros, actividades, problemas y recorridos. El salir de ellas para aprender puede ser parte de proyectos que combinen asignaturas diversas como Ciencia, Historia, Educación Física y Matemáticas.

Muchos de los proyectos urbanos que tanta falta hacen, pueden ser realizados en conjunto con las escuelas como parte de sus proyectos de mejoramiento escolar: espacios públicos, rutas peatonales y seguras para los niños y niñas, ciclovías y centros de reciclaje.

En un escenario de recesión y ahorro,  no podemos darnos el lujo de tener espacios multifuncionales como las escuelas, cerrados apenas toca la campana de término de la jornada. Por el contrario, planificadores urbanos y educadores debemos trabajar juntos para elaborar planes de convergencia para maximizar el uso y la centralidad simbólica de estos establecimientos.

Como planificadora urbana, mi esperanza es que esta pandemia nos invite a innovar para que cada barrio de Chile cuente con escuelas que sean lugares de pertenencia e identidad.

Esta columna fue escrita por Rosario Palacios, Investigadora Asociada de la la Línea de Inclusión de la Discapacidad de CJE y fue publicada en el sitio web del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano.